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Comunidad yogui recibe al equinoccio de primavera

La celebración del equinoccio de primavera congregó a cerca de 50 yoguis en Monterrey. La fiesta de color se llevó a cabo en MARCO, Museo de Arte Contemporáneo. Esta fue mi segunda celebración del equinoccio y me agrada decir que no hay dos prácticas iguales.

Durante la sesión de dos horas se honraron los elementos de la naturaleza en el siguiente orden: tierra, agua, fuego, aire y espacio. Las instructoras fueron Juliana Sáenz, Cynthia Landa, Leticia Lozano, Bárbara Reséndiz y Sylvia Aguilera, una por cada elemento.

A juego con las series de asanas se encontraban los músicos Álvaro Rubio y Rodrigo Romero quienes tocaron la cítara y percusiones. Esta melodía también fue acompañada con los ocasionales problemas de sonidos que tuvo el evento.

El espacio donde se practicó la sesión multinivel resultó cómodo y suficiente para los yoguis. A pesar de que había visitantes regulares, no hubo ningún problema entre ambas actividades. La luz y temperatura de la primera planta del museo regio también fue la adecuada.

Tras dirigir los ejercicios por cada elemento, las instructoras regresaban al escenario para realizar un estiramiento posterior. Mientras que los primeros minutos fueron refrescantes, el baile acompañado por gritos fue un esfuerzo forzado.

Parte de este último módulo bien pudo haber sido reemplazado por una agradable sesión de meditación. Otra opción pudo haber sido incorporar varios saludos al sol. Tristemente, estos últimos que brillaron por su ausencia.

En resumen, el evento yogui fue una agradable sesión cuya armonía flotaba y se trasmitía en el ambiente. Sin embargo su programa y planeación puede fortalecerse para años venideros.

Propósitos de año nuevo: ¿moda o reflexión?

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Taken from Pinterest

Hace varios años no pasaba el 31 de diciembre y el 1ero de enero en Monterrey. Para aquellos que no me conocen personalmente les digo: soy regia, me encanta la carne asada, los dulces de leche y las montañas. Pero el amor por mi ciudad no me hace ciega a sus defectos. No me gusta ser el Grinch durante las fiestas por lo cuál no voy a hacer una lista. Sin embargo, desde hace algunos días he tenido ganas de escribir esta columna acerca de los famosos propósitos de año nuevo.

No es crítica para la gente que los hace. Yo los he hecho y los considero una buena dinámica para reflexionar y establecer metas para el año entrante. Mi crítica va dirigida a los propósitos en sí. He escuchado a amigos, desconocidos, he leído posts en Facebook y listas en Buzzfeed. Mi conclusión: la mayoría de las listas de propósitos tienen que ver con acumular dinero y objetos materiales u otras metas que son, francamente hablando, egoístas.

Es cierto, todos queremos ser la mejor versión de nosotros mismos. La mayoría de las listas que he visto se enfocan en buscar ser una persona más delgada, rica y bien vestida. Suenan a objetivos que los mercadólogos, la televisión y la cultura de compras han decidido para nosotros. ¿Qué pasó con la empatía? ¿O con el espíritu navideño de la semana pasada? Me refiero a buscar proponerse dar 10% de su sueldo a una causa filantrópica o de caridad en la que la persona crea, proponerse pasar más tiempo con la familia, proponerse ser más amable o más paciente o bien proponerse ser un mejor ciudadano. Estos y otros me parecen propósitos derivados de la reflexión personal y no de un catálogo de ropa.

Hace unos días en una conversación salió el tema de los sueldos, alguien me dijo que uno de mis propósitos debería ir enfocado hacia allá. Me quedé boquiabierta, no porque fuera indirecta (espero), sino por la naturalidad y la convicción con la que lo decían. No supe que contestar en ese momento, preferí observar y escuchar lo que otros decían y reposteaban al respecto. No es generalización, pero el tema del dinero o lo que se compra con él es recurrente. El ambiente en el vivimos es el propio de una ciudad industrial, llena de hombres y mujeres dedicados a los negocios. Pero esto no quiere decir que dejemos de lado los valores que caracterizan a los regios y a los mexicanos. Esta noche o mañana cuando escriban sus propósitos para el 2014 los invito a que busquen que en su lista haya un balance entre los propósitos que se compran con dinero y los que nos hacen una mejor sociedad.

Why college cheerleading is empowering

The Yale Cheer Team is not about uniforms, body glitter or catching boy’s eyes. It’s about hard work and inspiration.

I have to admit it, I used to think that cheerleaders stereotypes were true. What a great surprise I received the moment I step in WPG and saw the beginning of spring semester’s open class.  I was shocked.

These girls can do everything, they can base, they can fly, they stunt, they can lift basically anything. And after an exhausting practice they go back to their dorms, finish their homework, papers, psets and get As in Yale.

The main reason that attract me to join them is their work ethic, not  any of the reason movies show you. . The hard work they put in everything they do is inspiring. They make lifting two girls look easy and effortless (it isn’t, trust me).

In my two months as a member of the team  I learn I am strong, something I didn’t believed before. That if I can do those amazing physical things I can give an amazing oral presentation, and so on.
I learned that if you train hard enough you can achieve great results. In the morning you go and ace your classes and in the afternoon you do amazing stunts with a smile. Not easy but doable.

Last, but not least, it reinforces the idea of that you can achieve more as a team than by yourself. You have to trust your stunt team. Only by trusting you can go, jump, and fly a few meters.

There’s a certain stigma about cheerleading, and I can say that is stronger outside the USA, so I usually don’t talk about my experience. But I was inspiring by a newspaper piece I saw prior to The Game (Yale vs Harvard annual football game). I read my former team members experiences and I couldn’t help but smile. There were the interviews to my premed major friend and my neuroscience major captain, I could remember our dinners talking about poliscience papers and psets.

This is my small contribution to the college cheer teams (and other teams, why not). And to the general criticisms I only have two things to say to you: stop throwing shade and saying comments that sound a lot like slut shaming. Do believe me that while doing a stunt the last thing in our minds is if we look cute or not.