Lectura en el mar

Buscando el mejor complemento para la lectura: entre el mar y el café

La teoría microeconómica dicta que un producto o servicio puede ser competencia, sustituto o complemento de otro. En el caso de los libros el mar y el café luchan por ganarse un lugar privilegiado en los hábitos del lector.

Para esta reflexión estoy partiendo de mi hobby predilecto: la lectura. Así que tomando este punto de partida, las competencias para los libros o la lectura son muchas y se multiplican al mismo ritmo que se crean apps. La televisión, la computadora y los teléfonos celulares son algunos ejemplos. Estoy segura que habrá quienes argumenten que los deportes, las salidas sociales u otros también pueden ser competencias. Yo no estoy de acuerdo, creo que están en diferentes categorías ya que nos ayudan a desarrollar diferentes aspectos.

A mí parecer los sustitutos de los libros más cercanos son los audiolibros. Ya que en lugar de involucrar el tacto, la vista y en ocasiones el oído, los audiolibros involucran solamente este último. Aún así es un sustituto agradable cuando vas manejando por el tráfico. Otras opciones que aparecen en escena son las revistas, de todas los temas y formatos posibles. También es posible echar volar la imaginación y sustituir los libros por la parte trasera de la caja de cereal (FYI, cuando ya leíste una, ya leíste todas).

Mientras que, los complementos de la lectura son, sencillamente, magníficos.

En este caso comparo mis dos preferidos: el mar (o la playa) y el café. El mar produce un sentimiento de tranquilidad, debido a que combina el cielo con el agua. El color azul, así como el verde, evocan a la naturaleza y por consecuencia suelen tener un efecto relajante. Además, el sonido de las olas crea un “white noise” que es perfecto para concentrarse en una sola tarea o para meditar (para quienes les funcione la meditación en silencio).

Por otro lado, el café despierta a un sentido diferente: el olfato. Lo cual se complementa armoniosamente con el excelso olor de un libro. No recuerdo cuando fue la primera vez que tomé un libro, pero fue antes de que supiera leer. El olor de un libro, nuevo o viejo, de librería o biblioteca es absolutamente genial. Evocas todas esas aventuras que has tenido a través de mundos nuevos y personajes queridos.

El mar, es accesible para aquellos que tienen la dicha de vivir cerca de la costa o aquellos dichosos que tienen los medios y la facilidad de viajar. Adicionalmente, es un lugar turístico por excelencia, por lo que probablemente tu santuario de lectura no será muy privado. Te recomiendo conocer los horarios, usos y costumbres de esa playa/puerto en particular, de esta manera podrás seleccionar espacios y horarios a tu gusto.

El café es casi universal. Es muy raro el sitio que no cuenta con una cafetería o en su defecto un restaurante que sirva esta mágica bebida. Además es accesible, las cafeterías van de todos los rangos de precios, gustos y estilos. Ahí también se debe de informar cuidadosamente el lector, ya que hay cafeterías de moda que estarán repletas de adolescentes o cafeterías locales con música en vivo. El truco es conocer tus “musts” y de ahí el camino hacia la cafeína será muy sencillo.

¿Cuál es el mejor complemento de la lectura? ¿El mar o el café? En mi caso son ambos. Cuando puedo leer en el mar lo hago sin remordimientos y con gusto. Cuando elijo el café lo hago un poco más consciente de mi entorno, pero igual de feliz.

El lugar no es tan importante cuando un libro te acompaña.

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