Siempre damisela, nunca héroe de acción: crónicas mexicanas

Cada semana los medios de comunicación y los ciudadanos reportan nuevos casos de violencia. Es aterrador pensar que esta es la sociedad en la que vivimos, donde la agresión contra las mujeres no discrimina edad ni condición social. La marcha A24 y la campaña social #MiPrimerAcoso son algunas manifestaciones que han surgido de la preocupación y hartazgo. Asociaciones y colectivos se han dado a la tarea de fomentar conciencia, más reside en cada uno de nosotros alzar la voz antes de tener que lamentarnos de nuevo.

Esta es una columna postergada, hace dos semanas comencé a escribirla tras una agresión. Ahora la reescribo para dedicársela a todas aquellas que se enfrentan a microagresiones machistas a diario y a las niñas, adolescentes y mujeres que ya no están con nosotros. Pero la escribo, sobre todo, para aquellos que consciente o inconscientemente llevan a cabo estas acciones disfrazadas de “piropos”, “chistes” o “nadie se va a enterar”.

Abril ha sido cruel. En Monterrey han fallecido varias adolescentes a manos de su ex pareja sentimental. ¿Alguien ha llevado la cuenta? ¿O también se perdieron en nuestro sistema judicial como “accidentes”, asesinatos, no reportados, sin pruebas, cuando deberían estar catalogados como feminicidios? Nos olvidamos muchas veces que detrás de un siniestro está una lista de abusos como de lenguaje, moral, físico y psicológico.

En México nos lamentamos cuando nos enteramos de las tragedias. Ejemplos nos sobran, a pesar de que muchas veces no se reportan los abusos: como cuando un adulto decide tocar el cuerpo de una niña cuando sus papás no miran, cuando un grupo de estudiantes de clase alta deciden violar a una joven o cuando una persona celosa decide terminar con la vida de una chica. Es entonces que nos duele y la sociedad exclama “¿cómo pasó esto?” Cuando en realidad los micromachismos se filtran en el día a día.

No vivimos en un cuento de hadas, con división entre damiselas en peligro y caballeros valientes, todos debemos de ser agentes de acción. Debemos de identificar y señalar por su nombre las agresiones, evitar cometerlas nosotros mismos y sobretodo, no negarlas cuando las vemos. Al denunciar una agresión se puede salvar una vida.

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