Corriente de conciencia de una mente deprivada de sueño

La TerminalVagando el semi desierto aeropuerto de Houston después de que un itinerario de 5 horas se convirtiera en uno de 30, me siento como una versión menos optimista del personaje de Tom Hanks en la película “La Terminal”. Que me encanta y me hizo sentir identificada con pequeñas situaciones, pero que no se me antojó vivir. Es curiosa la manera en la que conectamos con los medios audiovisuales.

Me sorprendo a mí misma tarareando las canciones de fondo, contando las sillas delante de mí, recordando cada cara y el caminar de las personas que, como yo, por obligación o por fuerza han tenido que pasar la tarde, noche y madrugada en este aeropuerto. Completando un perfil mental y datos básicos de cada persona me ayuda a navegar las ondas de cansancio, que suben y me hacen recordar la comodidad de mi hogar y bajan para ponerme alerta en un sitio público.

Hay muchas condicionantes en este relato: si no estuviera tan cansada, si no tuviera obligaciones a la mañana siguiente, si tantas cosas que nunca sabré porque así pasaron. Es el broche de oro perfecto para una semana llena de logros, satisfacciones y decepciones, como un concentrado de la vida. Que por supuesto vino sazonado con menos de 4 horas de sueño por día. El típico “dormiré en el avión” y “me recupero cuando pida vacaciones” dejo de tener sentido hace mucho tiempo ¿horas? ¿días? El tiempo y su flexibilidad.

Pirámide de MaslowDesde que estoy en prepa me gusta agrupar mis necesidades en una pirámide de Maslow. En este momento, como en contadas ocasiones, puedo palomear que tengo todas de ellas: deseo romántico de utilizar un baño estilo occidental, hambre feroz de una “all nighter” universitaria, una sed que viene y va como el repertorio de música ambiental y cansancio – entiéndase sueño, dolor de articulaciones, dolor muscular y lo que lo acompaña.

Me he puesto a pesar en lo humano e inhumano de los aeropuertos. Primero lo humano: son facilidades pensadas, diseñadas y construidas por la raza humana para transportarse por diversas razones. ¿Pero? Que tan extraño es meter a personas de todo el mundo debajo de una bóveda con aire acondicionado constante, sonidos que provienen de todos lados – de la máquina de café, de los zapatos de la azafata, del escritorio de una aerolínea, de una llamada telefónica a lado tuyo, de las grabaciones continuas – para después meterlos a un compartimento apretado, no muy cómodo donde las reglas de etiqueta las rige un ambiente dominado por un solo sexo.

¿Exagero? Los invito a contar los pasajeros en su próximo vuelo, nacional o internacional y a poner atención a su piloto y copiloto. Cambiando a otras condicionantes, el baño, la comida, el aire, todo es artificial, reducido – no estilo Europa, por cuestiones geográficas – sino para poder meter el mayor número de personas para transportarlos de una bóveda a otra. Una libertad constringida, sí hay movimiento de una ciudad a otra, de un país a otro, de un océano a otro, pero también bajo ciertos parámetros, siguiendo un protocolo de prisas, retrasos, aerolíneas malas y aerolíneas caras, personas que gustan hablar y personas que empujan a su paso.

Tal vez desvarío, pero le echaré la culpa a la falta de sueño y a mi razonamiento automático de las cosas, el hábito de buscar conexiones y entender lo que sucede a mí alrededor. Se ha hecho investigación extensa en este tema, como el cerebro se siente más cómodo acomodando información en categorías conocidas, le gusta crear conexiones aunque sean vagas o forzadas, o cMarina Keeganuando entra en shock por algo realmente nuevo o impensado, suele llevar a cabo una de estas dos acciones: crear una categoría nueva o rechazarlo. No soy una experta en el tema, por lo que no pretende que mi conocimiento limitado acerca del funcionamiento del cerebro le dé al lector la idea de que es un tema banal o simple.Amy Poehler

Mi concentración fluctúa entre ¿cuándo abrirán el baño? Y ¿tendré muchos errores ortográficos en este escrito? Además de intentar leer el segundo libro de la semana, después de excelentes 500 hojas de “Yes Please” de Amy Poehler para continuar con “The Opposite of Loneliness” de Marina Keegan. Mientras espero que no al haberle dado su segunda lectura obligatoria, te la presento lector mío, para que tal vez coincidas con mío, te rías de mi recolección de pensamientos o creas que mi recapitulación no se acerca a tu experiencia personal.

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